miércoles, 2 de julio de 2008

Querido Charly (Parte 3)

Marta Minujín (artista plástica)
“Muchos artistas llegan a la autodestrucción porque están en carne viva. Charly García es uno de ellos. Es un músico extraordinario al que su hipersensibilidad y su personalidad adictiva lo llevaron al deterioro, pero puede mejorar. Su música sigue intacta. Y lo trágico no interfiere con su creación. Quizás, en vez de tocar en el Madison Square Garden, estuvo tocando en lugares pequeños, como recientemente en Mendoza, porque su comportamiento no le permitió otra cosa. Pero lo importante es esto: que su música va más allá de todo. Lo que logró con la versión del Himno es una muestra, una genialidad; apropiarse de un símbolo semejante es arte de participación masiva. Lo demás, es otra cosa: el deterioro de los ídolos. Ya pasó con Maradona”.
Mercedes Sosa (cantante)
“Carlitos conmigo se portó siempre como con una madre. Con respeto, con educación. El problema son las confusiones de la gente, que cree que ser adicto es lo mismo que ser loco. Charly es un genio. Lo llevé a Cosquín y se portó maravillosamente. Pero siempre sufrí mucho cada vez que se enfermó. La vida de los genios puede ser muy trágica.”
Pipo Cipolatti (músico)
“Encasillarlo significaría mediocrizarlo. Mediocrizar al tipo con un corazón de oro y una excepcional capacidad creativa. Lo suyo siempre fue evitar la realidad. Preferir ignorar que le roban, y ponerse a tocar, cada vez más fuerte, para no enfrentarlo y reaccionar mal. “Yo sé que vos sabés lo que pasa y que sabés que yo sé. Say No More.” Eso dice él en Say No More. Eso es.
“Con Charly nos conocimos en mi época de gloria. Un día llegó a mi casa, echó a todos los que estaban y nos fuimos a comer al Open Plaza. Nos pusimos a charlar y, desde ese momento y por ocho años, nos juntamos casi todos los días a comer ensalada rusa con puré. Yo nunca había tocado temas de otras personas, y él fue quien me hizo tocar todos los temas de Los Beatles. Aprendí muchísimo con él, e iba siempre a la casa. Me tenía preparadas películas de Bruce Willis y yo me las veía mientras él componía. Pero muchas de las veces que iba estaba también el «entornus», siempre en modalidad «franela»: «¡Como te quiero! ¡Sos un divino!» . Apenas salían, decían: «Está hecho pelota…». Y entonces no fui más.
“Cuando se tiró del 9º piso, lo hizo en forma calculada, porque era clavadista de chico. Y le dieron ganas de tirarse y lo hizo, ¿qué problema hay?”
Malos momentos
Las noticias de los diarios se repiten. Y casi todos los titulares dicen lo mismo: “Charly García protagonizó un nuevo escándalo”. Ocurrió en Córdoba, en 2006, cuando sólo cantó tres canciones y rompió instrumentos en el escenario. Ocurrió en Mendoza, en 2000, cuando se tiró a la piscina del hotel... desde el noveno piso del edificio y milagrosamente salvó su vida. Y hace pocos días, cuando tuvo un ataque de furia en un hotel de esa misma ciudad. La lista es larga, aquí o en el exterior. Y a la mayoría siempre le ha resultado imposible mirar hacia otro lado, sobre todo cada vez que se muestra alguna imagen morbosa y triste del ídolo popular. Sus seres más queridos piden a gritos: “Dejen tranquilo a Charly”.
Ricardo Manetti (productor teatral)
“Charly tiene algo de niño-adulto. Necesita mucho que lo protejan, que lo quieran, que lo mimen y que también lo puedan orientar. Pero, como ocurre también con los chicos, se vuelve caprichoso y desoye la voz de quienes lo rodean, y es entonces cuando las situaciones se vuelven complicadas, porque no entra en razones. Cuando dirigí la programación artística del Faena Hotel + Universe, me encontré con un Charly maravilloso en su creatividad, que quería que cada semana el armado del show fuera absolutamente diferente. Me parece que sus enojos vienen cuando la gente espera ver siempre lo mismo, y lo interesante de Charly es que va a venir con algo diferente. Le aburre la rutina. Hay que conocerlo con sus errores y con su grandeza. Lo peor que uno le puede proponer a Charly es que se repita.”
Renata Schussheim (artista plástica)
“Llegué a él porque había escuchado La máquina de hacer pájaros y me había impresionado. Nos hicimos amigos y, años después, me convocó para hacer los recitales de Bicicleta, el álbum de 1980 que sacó Serú Girán. Siempre utilicé como disparador de ideas la música que iban a tocar en el recital. Para mí, ése era el guión. En Ferro, con Demoliendo hoteles, apareció Charly una vez y me dijo: «¡Me encantaría que vuele todo por los aires, que se derrumbe todo y que caigan los edificios!».
“Aunque es perfeccionista, siempre me ha dejado trabajar sola. No se metía. Nos manejábamos con muchos sobreentendidos, y con mucho amor y afecto. Me nutría de sus canciones y de su música, y supongo que él se nutría de mi imagen. Creo que su creatividad no está como antes, pero también siento que Charly puede producir cosas nuevas. Dios lo quiera así.”

Testimonios: Constanza Guariglia


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